Vamos a intentar aclarar unos conceptos usando simplemente la lingüística.
Competente viene de competir, que quiere decir que rivaliza en el mercado ofreciendo o demandando un bien o servicio. También se puede aplicar a los que aspiran a obtener una misma cosa, como es el caso de una competición deportiva. Lo que viene a ser lo mismo. Por tanto, un individuo o empresa es competente cuando ofrece un producto o servicio que puede competir en el mercado.
¿Por qué entonces hay países o sectores públicos que son mejores que otros? La razón es simple. Se ha dejado algo de libertad para que los funcionarios compitan entre sí una vez han conseguido el puesto. Sería el caso de la educación pública de Finlandia, por poner un ejemplo. La descentralización en el sector público puede conseguir disminuir esta incompetencia, pero nunca anularla del todo.
Sin embargo, después de todo, los Estados sí pueden competir entre sí de
alguna forma. El problema es que la forma de competir entre Estados no siempre
es la deseable, más bien casi nunca lo es. Hemos dicho que la descentralización
en el sector público puede llevar a una cierta competencia entre ellos. Esto
sería personal más cualificado, competencia fiscal y regulatoria... Todo eso
suena muy bien, pero no suele ser así. Por lo menos no entre grandes Estados.
La forma de competir entre los Estados difiere mucho de la de los mercados.
Éstos usan la fuerza bruta, ya sea mediante aranceles, imposiciones, sanciones
o directamente en forma de guerras. Para ello no dudan en usar todos los
recursos de sus ciudadanos, llegando incluso a usar a los ciudadanos mismos
obligándolos a participar en conflictos bélicos.